En la vida y en el coaching, es importante mantenernos abiertos creativamente mientras vamos tras nuestras metas.
No te rindas. La ergástula es oscura,
la firme trama es de incesante hierro,
pero en algún recodo de tu encierro
puede haber un descuido, una hendidura.
El camino es fatal como la flecha
pero en las grietas está Dios, que acecha.
Fragmento de Para una Versión del I King, de Jorge Luis Borges
Cuando tomamos la decisión de generar algún cambio en nuestras vidas, solemos hacerlo porque hay algo que queremos lograr. Queremos pasar de un estado A a un estado B o incluso a un estado Z, y esto puede ser en cualquier plano de nuestras vidas: el vocacional, el laboral, el vincular, el lúdico, el creativo, el artístico. Nos imaginamos habiendo alcanzado ese logro que anhelamos como una meta, más o menos concreta, pero siempre tenemos, al menos, una idea vaga de cómo sería. Cuando iniciamos un proceso de cambio, lo que buscamos es un resultado.
Sin embargo, lo que muchas veces nos sorprende al emprender esa aventura es que el valor real de iniciar un proceso de cambio es, justamente, el proceso mismo y no tanto el objetivo: ese camino que nos lleva del lugar en el que estamos al lugar donde nos gustaría estar.
En una sociedad que valora el logro, la conquista y el resultado sobre todo lo demás, rescatar el valor del proceso es un acto de libertad en sí mismo.

En su libro No es lo mismo, las autoras Silvia Guarnieri y Miriam Ortiz de Zárate explican que tener una visión se distingue de tener un sueño en que, en la primera, no solo soñamos, sino que además accionamos en pos de que eso se convierta en una realidad. En esa diferencia entre tener una idea y bajarla a tierra sucede algo fundamental, que no podríamos haber previsto.
Es que el mundo de las ideas y el de lo concreto se manejan con reglas diferentes: cuando imagino algo, cuando lo sueño, me muevo en el plano de lo ideal, pero al bajar eso al plano de lo real, entran en juego muchas otras variables. Esas otras variables, por desconocimiento del camino a transitar, no las tuve en cuenta al pensar en mi objetivo. También hay otras que no podría haber contemplado aunque lo hubiera intentado: porque el recorrido en sí mismo presenta oportunidades y limitaciones inimaginables en el punto de arranque, porque las circunstancias en las que me muevo cambian, porque, idealmente y si el proceso es realmente efectivo, una parte de mí también cambia. Ese agitar de los dados hace que los resultados que espero también sean modificables.
Esta ilustración de Anna Drozd nos muestra que el mapa no es el territorio: el camino suele ser sinuoso, pero las sorpresas que nos vamos encontrando son la mejor parte de la aventura.
Por esta misma naturaleza de los procesos de cambio es que, durante los procesos de coaching, lo que resulta realmente transformador es invitar a quien acompaño a que ese camino que transitamos juntos se convierta en el verdadero protagonista del proceso, y no simplemente el resultado. Para mí, esto significa invitar abierta e intencionalmente a que la creatividad forme parte del recorrido.
Es solamente teniendo en cuenta el rol protagonista de la creatividad en el proceso de transformación que vamos a poder encontrar esa nueva combinación de elementos única, distinta a cualquier otra que podríamos haber pensado, que será la que, finalmente, nos llevará al punto deseado. Si quiero algo distinto en mi vida, tengo que estar dispuesto a que lo nuevo se despliegue en formas que no podría haberme imaginado. Necesito tener una actitud activamente abierta, explorar, ser curioso, y dejarme sorprender.
Si enfrentamos el cambio con esta actitud abierta y curiosa, si permitimos que el proceso sea radicalmente creativo, algo surgirá, algo del orden de lo inesperado, de lo imposible de planificar. Gracias a este salto creativo el cambio podrá ser más profundo, y tal vez incluso mucho más rico de lo que estimamos al inicio.
Puede que nos obligue a reorganizar lo que teníamos planificado para construir, con esas nuevas piezas y posiblemente otras más, algo que tal vez no podríamos haber encontrado de no haber estado atravesados por ese proceso que decidimos transitar. Incluso al punto de que puede llegar a alterarse la meta que nos propusimos al emprender el proceso.
El loco, la carta del tarot en la cual se basa el comodín de la baraja española, viene a revolucionarlo todo en la vida y en el juego. O en el juego de la vida. Esta es del tarot Modern Witch.
Lo más valioso de ese cambio al que nos estaremos abriendo, a mi modo de ver, es que va a ser, sobre todo, interno. Idealmente, nosotros cambiaremos también. Llegaremos a un nuevo punto de vista que nos permitirá hacer realidad lo que estemos buscando concretar en nuestras vidas. Hasta ahora, siendo el que éramos, no hubiéramos podido lograrlo. Es que, sin iniciar ese proceso de transformación, con todas las sorpresas que trae, difícilmente podamos dar el salto que nos llevará a convertirnos en la persona que necesitamos ser para concretar nuestro deseo.
Es en ese punto, donde nos abrimos a lo inesperado y permitimos que el proceso creativo nos atraviese plenamente, donde sucede "la magia" en los procesos de cambio. Esa "magia" es el salto cualitativo que, sin saberlo, buscamos para concretar nuestra meta.
También hay que reconocer que la receta de esa magia involucra mucho trabajo, esfuerzo y honestidad para enfrentarnos a cosas que tal vez sean incómodas para nosotros. La posibilidad de enfrentarnos a lo desconocido puede despertar miedos, temores e incluso resucitar viejos fantasmas que pensábamos que habíamos dejado en el pasado.
Pero esos viejos amigos indeseados serán justamente los que necesitaremos mirar cara a cara para poder convertirnos en la persona que necesitamos ser para dar el siguiente paso en nuestro crecimiento personal, y así concretar nuestro objetivo. Durante este proceso, nos servirá recordar que esos miedos son los que nos inclinan la balanza hacia quedarnos en el lugar cómodo y conocido en que estamos, pero que, sin embargo, ya no nos entusiasma, no nos convoca, no nos llena de mariposas el estómago. Justamente, esa zona de confort es la nos impide sentir esa motivación.
Por esto, mantener una actitud abierta a la creatividad no es solo lo que permitirá transitar un proceso verdaderamente transformador. Su rol es, además, tan importante como el del postre después de comer: aporta ese ingrediente divertido y placentero que nos dará el combustible que necesitamos para que, incluso en los momentos de dudas, podamos ser consistentes y perseverantes en nuestras metas.
Para que podamos acompañar el trabajo y el esfuerzo con motivación, es importante que nos acompañe algo del sabor dulce que tendrá alcanzar lo que deseamos. Como niños que se lanzan a jugar simplemente por el disfrute del juego, y no solamente con la expectativa de ganar.
De esta manera, y pesar de todas las intuiciones, comenzar un proceso de cambio es, idealmente, quitarse de encima todas las expectativas de que suceda tal o cual cosa o de que ese camino que nos disponemos a transitar vaya a ser de esta o aquella manera. Porque, para que el cambio que buscamos sea realmente efectivo, lo ideal es despojarnos del impulso a controlarlo, encasillarlo o estructurarlo de manera tal que el elemento disruptivo, innovador y creativo no tenga espacio para presentarse ante nosotros y permitirnos ese cambio radical, esa transformación.
Con esta intuición y esta actitud es como yo, desde este espacio, le doy apertura a mi propio proyecto creativo confiando en el proceso, abriéndome a lo desconocido, a lo nuevo y a lo divertido, y con la intriga de encontrarme (tal vez, ¡seguramente!) con alguna u otra sorpresa en el camino.
Te animo a transitar los procesos de cambio en tu vida de la misma manera. ¡Te doy la bienvenida a esta aventura!